domingo, 11 de enero de 2015

La dominguera: Posiciones para mujeres controladoras

El sexo en las mujeres es tan importante como en los hombres, sin embargo no se expresa de igual forma. Dentro de los principales deseos sexuales de las mujeres, y no únicamente de las más liberadas, está el sexo “salvaje” es decir, no existe una fémina que de manera interna o en lo más profundo de sus fantasías no desee ser tomada por un hombre con fuerza.

Llevar las riendas del sexo es otro de los placeres de las mujeres en la intimidad. Para eso hay varias posiciones que permiten que sean ellas las que manden, por ejemplo:
 
1. Supernova
Él se acuesta boca arriba en la cama y perpendicular a los cojines, mientras tú te sientas sobre su pelvis para cabalgarlo. Una vez que estés camino al orgasmo, deja de moverte y agárrate con cuidado a su torso. Haciendo fuerza sobre tus rodillas, deslízalo hasta el borde de la cama hasta que su cabeza, sus hombros, y sus brazos queden colgando hacia fuera. Entonces empieza a cabalgar de nuevo sobre él.
 
2. Sentados
Él se sienta con las palmas de la mano apoyadas en el suelo detrás de tu espalda y las piernas cruzadas, mientras tú te colocas encima y se mueve de adelante hacia atrás.
 
3. El acordeón
Tu chico debe ponerse boca arriba, con las rodillas flexionadas hacia su pecho. Mientras tú te sientas a horcajadas sobre su cadera y te pones en cuclillas poniendo tus muslos sobre los suyos. Debes flexionar las rodillas, moviéndote de arriba a abajo, aquí llevarás el control total de la relación.
 
4. La amazona
En esta posición tu pareja se acuesta en la cama o el suelo, donde mejor les acomode, totalmente recto y tú te colocas encima con las piernas abiertas, como si estuvieras cabalgando, pero dándole la espalda. Te aseguramos que tendrás el control total de la situación
 
5 En la sillita
Haz que tu chico se siente en una silla, con la espalda apoyada en el respaldo, mientras tú te sientas encima, con los pies en el suelo para tener un punto de apoyo y puedas moverte a tu antojo. 

El animal más rápido del mundo contra un paracaidista

Existe la creencia de que el chita (Acinonyx jubatus) es el animal más rápido del mundo, pero eso no es verdad. Mientras que estos felinos pueden alcanzar los 120 kilómetros por horas, los halcones peregrinos (Falco peregrinus) pueden volar hasta a 398 kilometros por horas. Como parte de la serie documental de la BBC, BBC Earth, el presentador británico y veterinario Steve Leonard quería ver a una de estas aves en acciones, por lo que se lanzó de un globo aerostático con un señuelo para halcones y un velocímetro. El halcón que protagoniza el video, cuyo nombre es Lady, ha estado entrenando por seis años a perseguir un señuelo específico a cambio de una recompensa de comida.


Gandhi-chela


Una cervecería de Connecticut se disculpó ante indios ofendidos porque la compañía está usando el nombre y la imagen de Mahatma Gandhi en una de sus cervezas.
New England Brewing Co., con sede en Woodbridge, se disculpó el fin de semana en su página en Facebook por su cerveza India Pale Ale que llama Gandhi-Bot.
"No fue nuestra intención ofender a nadie, sino rendir homenaje y celebrar a un hombre al que respetamos mucho", dijo la compañía.
Críticos en Estados Unidos e India se han quejado del uso comercial de Gandhi, reverenciado por llevar a India a su independencia por medio de la resistencia pacífica.
Proloy K. Das, un abogado de Hartford, Connecticut, dijo en Twitter que el estado debería "sentirse avergonzado de ser la sede" de New England Brewing.

Ser optimista mejora la salud del corazón

Tras analizar la relación entre una actitud optimista y la salud cardiovascular en más de 5,000 adultos, investigadores de la Universidad de Ilinois, en Estados Unidos, concluyen que las personas positivas tienen el doble de probabilidades de poseer una salud cardiovascular ideal que sus contrapartes más pesimistas. El equipo de científicos, liderado por la profesora Rosalba Hernandez, evaluó la salud cardiovascular de los participantes, entre los 45 y 84 años de edad, usando las mismas métricas empleadas por la Asociación Americana del Corazón, como presión sanguínea, índice de masa corporal, niveles colesterol y de glucosa en la  sangre, dieta, actividad física y tabaquismo. Posteriormente, los participantes completaron una encuesta acerca de su salud mental, niveles de optimismo y salud física. 

Incluso después de tomar en cuenta características socio-demográficas y la mala salud mental, los resultados mostraron que las personas más optimistas tenían entre el 50% y 70% más probabilidades de poseer una salud cardiovascular óptima. Presentaban mejores niveles de colesterol y glucosa en la sangre y solían ser más activos y tener menores índices de masa corporal que sus contrapartes. El estudio, publicado en Health Behavior and Policy Review, es el primero en analizar la relación entre el optimismo y la salud cardiovascular en una población de muestra significante y étnicamente diversa. Aporta evidencia de que el bienestar psicológico, como el optimismo, se refleja en una buena salud del corazón.




sábado, 10 de enero de 2015

La ventana

Esto sucedió hace unos años, por abril o mayo del 2012, y, antes de contar la experiencia principal, debo contar un par de cosas acerca de mí.

Yo soy de un pueblo (de Michoacán, para ser exactos) y se llegan a escuchar muchas anécdotas e historias paranormales entre la gente ya adulta. Obvio la gente de ciudad muchas veces (no siempre) somos más escépticos. En mi caso, durante mi niñez, llegué a ver un par de cosas muy extrañas que ahora que tengo más uso de razón, me parecen sombrías. Cuando era un niño de 5 o 6 años, llegué a ver siluetas con forma humana en el departamento del DF donde vivía y, de igual manera, en el pueblo de donde soy yo. Posteriormente, a la edad de 8 o 9 años me pasó algo aún mas raro: vi cómo se movían o me hacían gestos un par de imágenes religiosas (en calendarios o pósters)... aún así, nunca le presté atención e incluso me sentí un poco crédulo. De hecho, recordarlo en mi etapa de adolescente me hizo sentir aún mas tonto y nunca lo conté públicamente...

¿Pero esto qué tiene que ver con lo que voy a contar? Simplemente son mis antecedentes. En mi etapa de adolescente me hice muy escéptico ante todo esto e incluso llegue a olvidar los acontecimientos de mi niñez, hasta que llego una madrugada de sábado (lo recuerdo muy bien, porque era mi época de universitario). Yo estaba sobre mi cama, con un foco prendido en mi habitación y en mi computadora portátil revisando unas cosas. Para esto, debo de hacer hincapié en dos cosas muy importantes: yo duermo en un segundo piso y mi cuarto da a un jardín, por lo que hay una distancia considerable de 4 metros entre mi ventana y el suelo; el segundo punto es que, antes de lo que les voy a platicar, yo solía dormir sin cortinas en mi cuarto, ya que en esa época me gustaba ver en ocasiones la luna a ciertas horas. En fin, eran aproximadamente la una o dos AM y yo la verdad estaba muy clavado en mi computadora. Entonces, escuché un sonido proveniente de mi ventana. Fue un toc toc muy claro que solamente escuché una vez. Yo, sin malicia y con mucha naturalidad, volteé (fue mi reacción natural) y lo que vi fue una mano de cierta manera humana y todavía con forma de puño, como si fuera a volver a tocar, y, tras ella, vi la silueta de un rostro que ya no alcancé a distinguir, pues era mas oscuro. Esto me sacó un escalofrío y, antes de digerir lo que acababa de ver, mi mente actuó por instinto natural. Hice tres cosas: me paré de la cama sin volver a voltear a aquella ventana, apagué la luz de mi cuarto y salí sin voltear. Dormí en mi sala.
 
Quizá esta historia resulte similar al juego de la ventana que se ha estado haciendo popular en Internet (nota del editor: pronto publicaremos cómo se juega).
 
Desde ese entonces, no duermo sin antes cerrar mis cortinas y muchas veces evito trabajar en mi cuarto a altas horas de la noche. Conté lo ocurrido a mi madre unos meses después. Ella me respondió que muchas veces no le gusta estar sola en mi casa, pues ya había escuchado en un par de ocasiones en plena tarde unos golpecitos provenientes de una puerta de cristal que está en el piso de abajo, que da al jardín de la casa.