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jueves, 2 de junio de 2016

Felipe Calderón me chocó y sus guardias me apuntaron con armas: afectado

Felipe Calderón me chocó y sus guardias me apuntaron con armas: afectado
"Yo venía transitando por la (calle) Adolfo López Mateos, venia tranquilo y pasa la Suburban (...) de Felipe Calderón", señaló en testimonio videograbado.
Quién conducía el vehículo “no vio el alto y se lo voló y me impacta en el camino”, agregó.

Tras el impacto, Gutiérrez Canul bajó de su vehículo y entonces “me agarran los federales y me ponen una pistola en la cabeza”.

En ese momento de distracción bajaron a Felipe Calderón junto con “Trini” García y se lo llevaron en otro vehículo. Y de Calderón “ni sus luces”.

El presunto afectado señaló que desmiente lo que Calderón Hinojosa dijo en Twitter, sobre que una camioneta “lo estampó en la entrada de Kantunilkín”.

“Desmiento y responsabilizo al ex presidente” de lo ocurrido, además de las lesiones que sufrió por el impacto, concluyó el ciudadano.

miércoles, 1 de junio de 2016

Calderón sufre percance automovilístico

Hasta el diablo protege a este genocida, pedote suertudos los PANeques
El expresidente Felipe Calderón sufrió un accidente automovilístico en Kantunilkin, municipio de Lázaro Cárdenas en Quintana Roo, cuando se dirigía a un evento de campaña, confirmaron sus colaboradores.
Indicaron que el vehículo era conducido por un elemento del Estado Mayor Presidencial y tras el percance no se registraron heridos, por lo que el exmandatario se encuentra en perfecto estado de salud.

Minutos después, Calderón Hinojosa continuó con la agenda prevista y se incorporó a los cierres de campaña del candidato del PAN-PRD a la gubernatura del estado, Carlos Joaquin González.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Los peores genocidas de la historia III

4.-Pol Pot (Camboya)
Pol Pot, el nombre que el principal líder de los Jemeres Rojos tomó para sí (su nombre real era Saloth Sar), creó centros de reclusión con el fin de “buscar al enemigo oculto” dentro del Partido y continuar su política de exterminio de todo aquello que consideraba atentatorio al Estado. El más célebre fue el de Tuol Sleng. Sólo algunos datos acerca del mismo: En 1975 entraron allí tan solo 200 prisioneros. En 1976 fueron 2.250. En 1977 entraron 5.000. En 1978 otros 5.000. Con excepción de los altos mandos y de los miembros de dichas prisiones, nadie sabía que sucedía en su interior, pero los campesinos que vivían cerca de dichos lugares los llamaban en jemer “konlaeng choul ot cheng” que significa “el sitio en donde se entra pero no se sale”. Solamente siete de las 20.000 personas que fueron llevadas para ser “interrogadas” en Tuol Sleng sobrevivieron. Hoy el lugar, que fuera un prestigioso centro educativo antes de la guerra, es conocido como Museo del genocidio en Phnom Penh. Los “sospechosos” lo eran por razones tan sútiles como usar gafas, saber un idioma extranjero, tener un título universitario, haber trabajado en alguna oficina antes del 17 de abril de 1975 y otras cosas similares. Después de que el sospechoso era declarado culpable en casi todos los casos, era condenado a la pena capital, él y su familia e incluso amigos, y se conducía a uno de los llamados “campos de exterminio”.

En principio algunas fuentes señalaban diferentes cifras de los ejecutados durante el Régimen de Pol Pot. Los vietnamitas decían que habían sido 3 millones de personas, la CIA decía que eran entre 50.000 y 100.000 personas, pero actualmente, y de acuerdo a investigaciones más detalladas, se calcula en 2.000.000 las personas muertas bajo el régimen de los Jemeres Rojos. Unas 700.000 personas murieron de hambre y enfermedades, entre 400.000 y 600.000 fueron ejecutadas, 400.000 fallecieron en la Regularización Obligatoria y otras 300.000 por otras causas diversas, hasta hacer el total aproximado de dos millones de víctimas.
Tras la retirada de las tropas estadounidenses tanto de Vietnam del Sur como de Camboya, en Phnom Penh se instauró el régimen de Pol Pot, máximo líder de los jemeres rojos, quien lideraría el país hasta octubre de 1979. La aplicación literal del maoísmo y la declaración de una nueva era denominada Camboya Año Cero, dieron lugar al genocidio camboyano cuya discusión está todavía en boga. Entre las primeras medidas que el régimen de Pol Pot implantó en el país estuvieron la eliminación literal de los conglomerados urbanos y la declaración de los habitantes de la ciudad como enemigos del Estado, la desaparición de la moneda, el comercio, el mercado, las escuelas, la literatura, toda forma de arte, cultura, y las religiones. La aniquilación sistemática de la oposición con sus familias y todos los que a los ojos del Estado eran declarados enemigos, como por ejemplo aquellos que fueran o parecieran intelectuales, hicieron que se instalaran prisiones de tortura en algunas de las antiguas escuelas, de las cuales la más célebre se encuentra en Phnom Penh, denominada Tuol Slang, la "colina de la muerte", hoy conocida como "museo del genocidio". Así mismo, a unos ocho kilómetros de Tuol Slang, en las afueras de Phnom Penh, se conserva hoy uno de los innumerables campos de exterminio en donde eran asesinados los llamados enemigos del Estado con sus familias después de caminar en condiciones infrahumanas desde las cárceles.

La comunidad internacional guardó silencio alrededor de esta situación. Por otra parte, el régimen aisló completamente el país no permitiendo el ingreso de ningún organismo extranjero. Durante 1975 y 1979 Camboya se convirtió en el primer productor mundial de arroz, mientras quienes lo cosechaban morían de hambre y desnutrición. Tímidas denuncias se hicieron de parte de países como Australia, India y Nueva Zelanda, pero no fueron escuchadas. Fue sólo con la invasión del Vietnam en octubre de 1979 y el derrocamiento del régimen Pol Pot, que se empezó un lento y doloroso descubrir de la realidad que se estaba viviendo en Camboya.

Las Naciones Unidas comenzaron desde 1993 a presionar al nuevo estado para realizar el juicio por crímenes de guerra a los altos dirigentes de los jemeres rojos, pero por una parte los anhelos de paz de muchos, la negación sistemática de algunos intelectuales, especialmente extranjeros, de la realidad del genocidio, el temor de muchos otros a

denunciar, ha dado pocos resultados al respecto. Sin embargo, en junio de 2003, Hans Corell, jefe del Consejo jurídico de la Organización de las Naciones Unidas, firmó un convenio en Camboya con el gobierno que permite el establecimiento de un tribunal de genocidio. Dicho convenio fue el culmen de cinco años de negociaciones entre la ONU y el gobierno.

Las cifras de los muertos durante el régimen de Pol Pot son todavía inciertas, pero no son menores de dos millones de personas de todas las edades y condiciones, cerca de una cuarta parte de la población estimada de Camboya.

5.- Augusto Pinochet (Chile)

La violencia del golpe continuó durante el gobierno del Presidente Pinochet, admirador del dictador español Francisco Franco (a cuyo entierro asistió en noviembre de 1975).

Una vez que alcanzó el poder, los partidarios del gobierno derrocado fueron declarados «enemigos del Estado».

Gracias a la DINA, se introdujo como política de Estado la detención, tortura, asesinato, desaparición o exilio de quienes se hubiesen involucrado con el gobierno anterior, configurando el concepto de «terrorismo de Estado».

El general Sergio Arellano Stark realiza la llamada Caravana de la Muerte al recorrer el país en un helicóptero Puma para ordenar las ejecuciones sumarias a los detenidos políticos de alta connotación en los recintos militares. Se ejecutan a detenidos en Pisagua, La Serena, Cauquenes y otros lugares en el país. Sus restos son lanzados al mar o enterrados en lugares solo conocidos por los militares.

Se estableció una red de informantes para obtener datos que condujeran a la detención de comunistas y socialistas que hubiesen mostrado actividad en el gobierno derrocado.

También se hicieron llamados a través de bandos y comunicados conminando a aquellos que hubieren pertenecido al gobierno de la UP o estuvieran enlistados en los proscritos partidos Comunista y Socialista a que se entregaran voluntariamente a las comisarías y cantones del ejército a objeto de regularizar su situación, muchos detenidos desaparecidos creyendo en que no les iba a pasar nada, usaron esta vía.

Se estableció el toque de queda que perduraría hasta el 2 de enero de 1987, confinando primero a partir de las 21 horas y luego a partir de las 2 de la mañana, a los chilenos a quedarse en sus hogares. La generación de los años 1980 pasaría su juventud en las llamadas fiestas de Toque a Toque y la restricción de pensamiento político. La polarización introducida por el terrorismo de Estado en la sociedad chilena llevó a que el vecino denunciara a su vecino por actividades subversivas o ser simplemente simpatizante de la UP (Unidad Popular) y se les llamaba despectivamente Upelientos o Rojelios; a los simpatizantes pro-gobierno se les siguió llamando Momios o se acuñó el nombre de pinochetistas.

Las detenciones eran el pan diario y las redadas a poblaciones populares como La Victoria, San Ramón, La Legua en el sector sur de la ciudad (Santiago de Chile) concluían en masivos allanamientos, fusilamientos in situ, detenciones y enfrentamientos armados. Las fuerzas armadas como el ejército actuaban en los allanamientos de gran envergadura, para aquellos movimientos menores fue la rama de Carabineros asimilada al Ministerio de Defensa quienes mayoritariamente realizaron la mayor cantidad de operativos.

En sectores más acomodados como La Reina y Ñuñoa, las detenciones solo se llevaron por medio de la delación. La DINA disfrazó muchas ejecuciones de activistas antigobiernistas como enfrentamientos armados (Operación Albania, por ejemplo). El Estadio Nacional, el Estadio Víctor Jara (ex Estadio Chile), Peldehue, el bergantín goleta Esmeralda, Tejas Verdes y otros lugares sería conocidos como Centros de Detención.

El gobierno militar además adoptó como medio de deshacerse de aquellos personajes indeseables la expulsión, el exilio obligado y el asesinato de Letelier y Prats.La Comisión de Verdad y Reconciliación (conocida también como Comisión Rettig) mencionó 2.095 muertos y 1.102 «detenidos desaparecidos». Se estimuló la xenofobia para evitar ayuda exterior a los movimientos subversivos. La tortura fue también una herramienta común usada para combatir a los no partidarios del nuevo gobierno, como queda consignado en el Informe Valech sobre Prisión Política y Tortura (2005). Cientos de miles de chilenos abandonaron el país para escapar del régimen. En 1994 todavía permanecían en el exterior sobre 700.000 personas según la Oficina Nacional del Retorno.

Ambos dictadores tuvieron un rol clave en la Operación Cóndor. A pesar de su afinidad, el Conflicto del Beagle que enfrentó a ambos países estuvo a minutos de llevarlos a una guerra. La policía secreta, la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) (1974-77), fue otra de las herramientas de la dictadura. Fueron asesinados el general Prats el 30 de septiembre de 1974 en Buenos Aires y el ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Allende Orlando Letelier, el 21 de septiembre de 1976 en Washington, agriando las relaciones con el presidente estadounidense Jimmy Carter.También se organizó la conocida como Operación Cóndor, un plan para la cooperación mutua entre organismos de espionaje de diferentes dictaduras militares de Latinoamérica, para de esta forma continuar persiguiendo y asesinando a exiliados en Argentina o Paraguay.

En 1977, la DINA fue disuelta y se creó la Central Nacional de Informaciones (CNI), para reemplazarla en sus funciones. Su primer director fue el general Odlanier Mena.
El actuar de la CNI como organismo represivo fue notoriamente menos violento, aun cuando agentes suyos figuran involucrados en casos emblemáticos, como el asesinato del líder sindical, y presidente de la ANEF (Agrupación Nacional de Empleados Fiscales), Tucapel Jiménez, en 1982.

La represión y asesinatos internacionales no fueron sólo contra personas chilenas, sino que pueden incluir personalidades de la política internacional como el Presidente del Gobierno Sueco en 1986, Olof Palme, quien podría haber sido asesinado siguiendo la orden personal del dictador Pinochet, según apunta desde el diario "La Cuarta", en su edición de 7 de marzo de 2008, donde se dio a conocer que el periodista sueco Anders Leopold señala como supuesto autor del asesinato de Olof Palme a Roberto Thieme, ex dirigente del grupo paramilitar chileno de ideología nacionalista-fascista Patria y Libertad. Según Leopold, Thieme fue enviado por el que fue su suegro, Augusto Pinochet, para cometer el asesinato aún impune.

martes, 13 de mayo de 2014

Los peores genocidas de la historia ii

Lo que se conoce como "Revolución Cultural" ni fue una revolución, ni tuvo nada que ver con la cultura, más bien al contrario. Se trató simplemente de un ajuste de cuentas entre bandas rivales, dentro del Partido Comunista, y por supuesto, ganó el más canalla: Mao Zedong.

En aquella extraña "revolución" en la que un guardia rojo dijo "porque somos rebeldes, obedecemos" .. a Mao, más de 700.000 personas fueron asesinadas sin piedad. Los alumnos apaleaban a sus profesores, los torturadores eran más tarde torturados ... nadie salvo el vicioso Gran Timonel estaba a salvo. 

En ochenta millones se estima el número de víctimas de la represión llevada a cabo por el Partido Comunista chino. Su historia es la del crimen masivo. De continuo, ha buscado grupos de enemigos internos a los que asesinar, con el fin de que cada uno de los miembros del partido comunista fuera un asesino, y lo consiguieron, y acabar con todo vestigio de humanidad y de moral en la sociedad china. Para conseguir sus fines han utilizado de continuo la mentira.

De manera curiosa el Partido Comunista chino ha evolucionado sin dejar nunca de matar. El asesinato es lo que define por esencia al socialismo extremo que es el comunismo. El Partido Comunista chino primero asesinó a cuantos habían luchado contra Japón en las filas del nacionalismo del KMT. Dijo que no lo haría, pero luego mató a todos cuantos pudo porque los consideró infectados.

Una vez tomado el poder, lanzó a sus militantes y a las masas contra los propietarios de tierras, con el doble objetivo de seguir llenando China de cadáveres y de acabar con la propiedad privada, el dogma más estúpido y más liberticida que se ha inventado en la historia de la Humanidad. Mao dijo que “para matar a los reaccionarios en las zonas rurales, debe exterminarse una proporción mayor al 1/1000 del total de la población... En las ciudades, el porcentaje puede ser menor”. Tan caprichosa estadística significaba el asesinato de 600.000 personas. Fueron muchas más.

Colectivizado el campo, en lo que Mao calificó como ‘El Gran Salto Adelante’, el Partido Comunista chino consideró que ello mejoraría, sin duda ninguna, no podía ser de otra forma, los resultados de las cosechas. Los funcionarios locales del partido empezaron a emitir estadísticas triunfalistas y cuando se fueron a recoger las cosechas y se vio que eran exiguas, lejos de reconocer el error, se culpó a los agricultores. Como el partido había considerado que la colectivización produciría por sí misma fenómenos milagrosos, se había llevado a muchos agricultores a trabajar en la industria del acero. Se abandonaron de esa forma los cultivos. Cuando no se pudo responder a la demanda del partido, se acusó a los campesinos de ocultar sus cosechas, se les requisó cuanto tenían y se les mató cuando ocultaban algo.

Durante los tres años de la Gran Hambruna, entre 1959 y 1961, se tienen documentados casos de familias que se comieron a sus propios hijos. En los textos oficiales, se dice que la hambruna, en la que murieron cuarenta millones de personas, fue producida por catástrofes naturales –Desastre Natural de Tres Años, se denomina en la propaganda oficial comunista- pero fueron años más bien de clima benigno. Para no romper la consigna del partido, los funcionarios locales rechazaron recibir ayuda afirmando que tenían víveres de sobra.

Como no ha habido tesis más ridículas que las del comunismo, éste siempre la ha impuesto por la fuerza y el asesinato. 

Dentro de la secta mayor de asesinos que ha conocido la Humanidad, el comunismo, Mao ha sido, junto con Stalin, el más sádico. Bajo su dirección, el partido comunista chino creó el sistema de terrorismo de Estado más fuerte y despiadado, mediante la violencia, la mentira y, por supuesto, la censura de la información. Siempre sintió una querencia compulsiva hacia el asesinato en masa. Así, en un documento, se lamentó de que “todavía existen muchos lugares donde la gente se siente intimidada y no se anima a matar a los reaccionarios abiertamente y en gran escala”. En 1951, una directriz del partido comunista chino ordenaba “ejecutar de inmediato” a quienes “difundieran rumores”.

Hay numerosas anécdotas que ejemplifican su sadismo. El 18 de agosto de 1966, Mao Zedong se reunió con los representantes de los Guardias Rojos en la torre de la Plaza de Tinanmen. Song Binbin, hija del líder comunista Song Renqiong, le puso a Mao la manga emblema de los Guardias Rojos. Cuando Mao se enteró del significado del nombre de Song Binbin, ‘amable y cortés’, dijo: ‘Necesitamos más violencia?. Song se cambió el nombre por el Song Yaowu, ‘deseo de violencia’”. A Liu Shaoqi, un expresidente chino, que había sido el número dos de Mao, el día que cumplía los 70 años, la guardia personal de Mao le llevó un regalo, una radio, para que escuchara el informe oficial de la Octava Sesión Plenaria del Comité Central número doce, que decía lo siguiente: “Se recomienda la expulsión permanente del Partido del traidor, espía y desertor Liu Saoqi, así como la exposición y acusación de Liu Shaoqi y sus cómplices por los delitos de traición y conspiración”. Fue largamente torturado, y su cuerpo empezó a pudrirse antes de su muerte.

Mao consideraba que el comunismo debía estar continuamente asesinando e imponiendo el terror, y es lo que hizo durante toda su vida. En sus tiempos de guerra, cuando huía del invasor japonés, dejando que se deteriorara en la lucha el ejército del KMT, a su ejército lo purgaba de continuo. Se inventó una Alianza Antibolchevique entre sus filas. 

Torturaba a las esposas para que denunciaran a sus maridos. Entendía que el asesinato de unos comunistas por otros estrechaba los lazos de la secta destructiva.

Para poder asesinar mejor a los disidentes, recurría de continuo a la mentira. En 1957, lanzó el Movimiento de las Cien Flores, cuyo lema era “dejar que broten cien flores y que debatan cien escuelas de pensamiento”. Animaba a las gentes a expresarse críticamente, prometiendo que “no tiraremos de las trenzas, no se golpeará con bates, no se colocarán sombreros, ni se buscará revancha”. Se organizaron debates y muchos, la mayoría comunistas, expresaron críticas para mejorar el régimen. Poco tiempo después, Mao lanzó el Movimiento AntiDerechista, donde estableció que las cerca de 540.000 personas que habían establecido críticas eran ‘derechistas’ y, por tanto, exterminables.

En 1966 desató la furia del terror rojo con la llamada Revolución Cultural. Mediante conceptos difusos de acabar con las viejas ideas y los viejos hábitos, se instó a los jóvenes chinos a convertirse en asesinos. Los alumnos se dedicaron a asesinar a sus profesores y a cuantos no tuvieran buenos antecedentes de clase, a los “terranenientes, campesinos ricos, reaccionarios, malos elementos y derechistas”. Algunas definiciones eran tan vagas que casi cualquiera podía ser asesinado. Y durante un año nadie estuvo a salvo. Para ingresar en el partido comunista era preciso haber participado en matanzas. En la vorágine de violencia, se produjeron numerosos casos de canibalismo. Más de 7.730.000 personas fueron asesinadas en linchamientos y ejecuciones públicas. Hasta 100.000 millones, una décima parte del total de la población, se vio afectada, expulsada de sus casas, enviadas al campo o internadas en campos de trabajo.

El asesino compulsivo Mao Zedong recibió el culto de un dios viviente. Durante la Revolución Cultural –un decaimiento absoluto en la barbarie relativista- se exigió a todo el pueblo chino que practicara rituales pseudoreligiosos de culto a la personalidad. “Pedir instrucciones al Partido por la mañana y rendirle cuentas por la noche”, recordar al líder Mao varias veces por día y desearle longevidad ilimitada y pronunciar consignas políticas al levantarse y al acostarse. Se citaba a Mao todo el tiempo, con axiomas como ‘Combate ferozmente cualquier pensamiento egoísta’ y ‘ejecuta las instrucciones recibidas las entiendas o no; profundiza el entendimiento durante la ejecución’. Sólo se permitía leer su libro y el endiosamiento llegó al punto de que no se vendía comida en los locales gastronómicos a la gente que no pronunciara alguna cita de Mao.

Aún hoy en día en la China del partido único, heredero de esa tradición genocida, se venera a Mao, el asesino en serie, el gran sádico, el maldito canalla.