lunes, 15 de diciembre de 2014

El origen de los vampiros

Lejos de la imagen romántica con la que se les representa actualmente, la leyenda de los vampiros está plagada de sangre y muerte. Hace tan solo unos años, los vampiros eran asesinos despiadados que se alimentaban de la sangre de los seres humanos, a los que se les trataba como simple ganado para el sustento de la raza.

Los vampiros son casi indestructibles, hecho derivado de que sean muertos vivientes. Sin embargo existen algunas armas con las que se puede luchar contra ellos, algunas de las cuales pueden acabar definitivamente con ellos y otras simplemente los inactivan. Una de las que les pueden mantener sin actividad consiste en clavarles una estaca en el corazón. Esto solamente los mantiene en un estado parecido a la muerte, pero si se retira la estaca volverán de nuevo a la existencia.

Para acabar definitivamente con ellos solo se pueden hacer dos cosas: una de ellas es aprovechar que se les ha clavado una estaca de madera en el corazón cortarles la cabeza y prenderla fuego, mientras que otra es exponerlos a la luz solar, lo que los desintegra y los reduce a un simple montón de cenizas, razón por la cual los vampiros solamente salen fuera de su morada por las noches.

Otro modo de evitar que los vampiros ataquen es colgar ajos en las puertas de las casas, así como llevarlos colgados del cuello para evitar ser mordidos. Las cruces también les producen un efecto de repulsión, hecho derivado de una supuesta historia que llevó al primer vampiro, el Conde Drácula, a  llevar la vida que todos los descendientes del antiguo gobernante rumano. La historia cuenta que el Conde renunció al catolicismo por no ayudar a su amada y desde ese mismo momento jamás soporta que nadie le ponga delante una cruz y morirá por siempre.




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